La vida de un PhD

No quiero ser catastrofista (¡que Dios me libre!) pero tampoco voy a engañar a nadie. Aunque os hablaré de cosas más optimistas y por las que merecen la pena hacer un doctorado, con esta entrada me quiero centrar en lo que para mí es lo más importante si os estáis planteando entrar en este mundo paralelo o ya estáis inmerso en él, algo que a mí me hubiese gustado saber de primera mano.

Debéis de ser consciente de un pequeñísimo detalle,

tu preciada vida tal y como la conoces hasta ahora va a desaparecer desde el momento que firmes ese contrato

Y sí señores, esto implica renunciar a una vida relativamente tranquila y placentera. Una vida, que aunque muchos no os lo creáis, la mayoría la tiene.  El poder separar la vida laboral de la privada se convertirá en un privilegio. Y el estar siempre perseguido por el tiempo, por plazos y fechas a alcanzar será a partir de ahora un reto a superar.

Adiós a fines de semana dedicados a tus hobbies, adiós de disfrutar con la familia sin pensar en nada más, adiós a la desconexión mental del trabajo, y así podría seguir un buen rato, pero tampoco quiero que este post de lugar a un suicidio colectivo de doctorados por el mundo.

A partir de ese momento, te va a estar persiguiendo un ente, por llamarlo de alguna forma, que no te va a dejar de repetir que el tiempo no se detiene, que las cosas van despacio, que deberías estar haciendo más porque, aunque no os lo creáis, tres o cuatro años no dan para mucho. Un algo que de repente se va a convertir en tu “gran amigo” hasta que termines y expongas tu “dichosa” gran tesis. Tus propios directores te lo presentarán el primer día y te avisarán de que aunque para nosotros 3-4 años sea un mundo, cuando menos te lo esperes estarás escribiendo, eligiendo tribunal y fecha de presentación. Y esto si tienes suerte, porque puede ser que tu director sea aún más catastrofista y que incluso te haga dudar de si quiere que trabajes con él porque directamente el primer día te suelta un “hay tantas cosas que hacer que no creo que seas capaz de acabarlo todo”.

Así que después de esto, solo queda dos salidas, llevarte bien con el susodicho o seguir el camino hacia la desesperación.

Si además, a esto hay que sumarle que te hayas tenido que desplazar a otra ciudad/país, que tengas a todos tus seres queridos lejos, y que los primeros meses ni te encuentres, enhorabuena porque tienes un verdadero reto para llegar hasta el final.

Pero oye, ¿ no dicen que de todo se aprende en esta vida?. Pues una vez embarcados en esta aventura solo queda echarle un par e ir a por todas.

Aunque no os lo creáis, con este post no quiero conseguir que todas salgáis corriendo en estampida. Sólo pretendo que podáis tener la noción de hechos tan importantes como estos independientemente del momento en que os encontréis en vuestra vida doctoral.

Pues lo dicho, de parte de una que está a las puertas para acabar.

 

Publicado por

Alexaltii

Adoro el mundo perruno (fan nº 1 de mi perro Auro), soy una loca de los libros y PhD en mis tiempos libres. No, espera un momento... Creo que soy PhD y después todo lo demás!

Un comentario en “La vida de un PhD”

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