Qué difícil es esta vida y eso que ya me lo decían

Esta va a ser una de esas entradas de las que hace mucho tiempo que no subo. Pero la necesito y necesito decir todo lo que pasa por mi mente en estos días.

Y lo primero que pienso es que es verdad eso de que la vida no te regala nada. Y yo ahora estoy hecha un mar de dudas. Ya no sé si voy por el camino que debería ir, o no. Si me he equivocado en las decisiones que he tomado en la vida o no… Si tirarlo todo a la basura y buscar otro camino o simplemente seguir luchando aunque cueste y aunque te den un hachazo tras otro. En fin, cada día me digo nada más despertar “Ale, tira adelante y piensa solo en hoy, en el ahora y en el momento presente”. Intento no ir hacia atrás o de especular con el futuro, pero no nos engañemos, qué difícil es…

Supongo que no soy la única de mi generación que se frustra por no poder construir su vida tal y como quiere, con las personas que quiere y simplemente de la manera que le gustaría que fuera. De no parar ni para tomar aire para poder seguir. Y ¿qué puedo hacer? Pues creo que no me queda otra más que tirar y ser fuerte. 

Se avecinan cambios. Cambios que asustan y que pueden poner en peligro muchas cosas, o quizás no. Supongo que no lo sabré hasta que no comience a caminar.

Cuando tú no estas

Cuando tú no estás, estas cuatro paredes dejan de llamarse hogar.

Todo sigue tal y como lo dejaste, cada uno de los pequeños detalles que me gritan que ha vuelto la soledad.

El temor de cruzar la puerta y comprobar que todo lo que me dicen es verdad.

Cuando tú no estás, mis ojos dejan de sonreír.

Y lo primero que pienso en hacer es sentarme aquí, aún con mis pies calzados, a desahogar todo este sufrimiento que me invade cuando veo que tú no estás.

Todos los buenos momentos recién vividos pasan por mi mente sin piedad. No puedo ni dar un paso, no puedo hacer nada, sin ser consciente que ya no es igual.

En el aire sigue tu esencia aunque yo ya no la pueda respirar.

¿Hay algo tan poderoso que justifique este desasosiego?

Parece ser que nunca lo elegimos pero que aquí está. Lo que si tengo claro es que a día de hoy no hay nada que lo pueda explicar y que si por mí fuera, esta situación hubiera acabado ya.

Si pudieras mirarme a los ojos, lo entenderías.

 

–Escritos desde el corazón cuando nos tenemos que volver a separar.

 

¿Puede la vida quitarte la sonrisa?

Siento esa necesidad de escribirme a mi misma, de organizar todos esos sentimientos que no consigo alejar de mi mente ni de mis sueños. Aprovecho que en su día cree esta parcela para darle el uso por la que fue creada, y es el de escribir a mi yo del futuro.

Vaya pregunta que se me planteó hoy. ¿Puede la vida quitarme la sonrisa?

Si la tuviera que contestar hoy, diría sí. Si la contestara mi yo de hace unos meses, diría no. La SONRISA. Para mí no es cualquier cosa, es algo que está en mi naturaleza, que es inherente a mi persona y que me ha descrito a la perfección durante todos estos años. Entonces la siguiente pregunta que se me viene a la cabeza es, ¿y qué está pasando, dónde está escondida? Mi única respuesta hoy es que la vida me la ha robado.

Todos con el tiempo sabemos que la vida se nos va a ir complicando, y creo que aunque sea de forma inconsciente nos preparamos para lo que pueda venir. Sé que este no va a ser el peor momento que voy a vivir, y me pregunto si podré resistir las siguientes batallas. A día de hoy me voy conociendo más, puedo decir con seguridad que me gusta y que no y puedo medio distinguir las cosas/personas que pueden ser perjudiciales en mi vida, o eso pensaba hasta ahora.

Y aquí viene el problema, ese “medio distinguir” que escribí hace un momento. Creo que soy una persona bastante intuitiva y que en el fondo sé lo que va a pasar, pero siempre se contrapone mi lado más sentimental dejando apartado de cualquier tipo de debate a mi lado más lógico.

Debo admitir que en general no he tenido buena suerte en cuanto a amistad se refiere. Creo que ha sido por todo el daño que me han hecho personas que han pasado largas temporadas a mi lado, personas importantes para mí y que se han ido sin nigún porque. Esto ha dado pie a que mi corazón se cierre más a todas aquellas personas que puedan venir después. Pero aún teniendo un historial bastante tumultuoso, mi corazón sigue dando cabida a cada persona que creo que merece la pena. Hasta que descubro que todo lo que he dado por esa persona no ha servido de nada.

Entonces, si todo sigue así… ¿soy yo el problema? Soy de ciencias, intento buscar el patrón común en cada situación, el por qué o el razonamiento lógico que pueda explicar todo esto. La única conclusión que saco es que no encajo en esta sociedad, que el verdadero problema (o no problema) soy yo.

Hace tiempo que me siento dolida con muchas personas, hechos o actos que han pasado en estos últimos años, meses o días. Por mi forma de ser, los voy dejando pasar hasta que llega la soledad, momento en el que me encuentro ahora. Es ahora cuando más reflexiono sobre mi vida, sobre las personas que me rodean y si el camino que estoy tomando es el adecuado. Me doy cuenta por qué hilos están movidas cada una de las marionetas que componen este cuento y es ahí cuando no comprendo nada. Dicen que es mejor estar sola que mal acompañada, pues creo que ahora he de aprenderlo e interiorizarlo. Tengo que mirar al futuro de forma positiva y tomarme esto como un break para volver a encontrarme y volver a restaurar mi sonrisa.

Una de las cosas que no he conseguido alcanzar aún es el de dejar de preocuparme por todo y preocuparme en gran parte por mi felicidad. Creo que por mi forma de ser, esta va a ser una asignatura pendiente para bastantes años.

Son días grises, días de centrarme en mi tesis, días de poco contacto con la realidad, días de superar mis más terrible fobias, días de no sentirme bien ni en mi propia casa y días de decir hasta aquí, ya no puedo más…

Pero sí que puedo, y lo estoy haciendo con un primer pequeño paso, que escribir esto para tenerlo siempre presente. Nada ni nadie está autorizado a cambiar mi forma de ser o mi forma de pensar, de quitarme mi tesoro más preciado, por lo que se caracteriza mi propia persona. Debo tenerlo claro, alejarme de todo cuanto me haga sufrir y centrarme en lo verdaderamente importante para mí.

Bienvenida de nuevo a tu parcelita. Aunque creas que no ha sido la mejor forma de volver, créeme le has echado un par al asunto y te has superpuesto a todo. No dudo de mi. Sé que puedo con esto y con más.